Es una enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso central cuya principal característica es la muerte progresiva de neuronas en una parte del cerebro.
La consecuencia más importante de esta pérdida neuronal es una marcada disminución en la disponibilidad cerebral de dopamina, principal sustancia sintetizada por estas neuronas, originándose una disfunción en la regulación de las principales estructuras cerebrales implicadas en el control del movimiento, de la coordinación, de la destreza muscular y del control postural.

Esta enfermedad puede afectar tanto a hombres que a
mujeres, casi en igual medida.
No tiene distinciones sociales, étnicas ni económicas.

En las primeras etapas, suele ser difícil un diagnostico
con exactitud, porque no existe una única prueba que
pueda confirmarlo. El diagnóstico también se complica porque algunos síntomas de la enfermedad pueden ser causados por otras enfermedades.

El diagnóstico es clínico y se hace explorando al paciente y detectando la presencia de temblor en reposo, rigidez, lentitud de movimientos y problema de la marcha, postura y equilibrio.

En el futuro algunos síntomas como la depresión, estreñimiento, falta de olfato o algunos trastornos del sueño nos podrían permitir hacer un diagnóstico más precoz.

La media para un diagnóstico de Párkinson es de entre 1 y 5 años. Es importante trabajar para favorecer un diagnóstico precoz ya que la eficacia del tratamiento es mayor.

Son patologías parecidas a la enfermedad de Parkinson típica pero que se diferencian en algunos síntomas y en su evolución. Se suelen llamar también párkinson-plus o enfermedades multisistémicas parkinsonianas (por ejemplo: degeneración nigro-estriada, parálisis supranuclear progresiva, atrofia olivo-ponto-cerebelosa, enfermedad de cuerpos de Lewy difusa, etc. Hoy día se tratan con la misma medicación y rehabilitación que la enfermedad de Parkinson típica o también se llama idiopática).

De forma muy genérica, se pueden apuntar las siguientes características propias de los parkinsonismos:

  • Responden peor a los fármacos con levodopa que el párkinson típico.
  • Se detectan otras áreas cerebrales afectadas, además de la sustancia negra (típica de la enfermedad de Parkinson).
  • Predomina la acinesia intensa, con escaso temblor.
  • La evolución es más rápida que en el párkinson típico.
  • Puede haber mayor riesgo de deterioro físico (invalidez) y mental (demencia).
  • No son buenos candidatos para neurocirugía.

Se desconoce la causa de la enfermedad. Se piensa que es
multifactorial, porque participan los factores genéticos,
tóxicos y ambientales.
Esta enfermedad se ha relacionado con el consumo de agua
de pozo, con la exposición a la rotenona, la neurotoxina
(MPTP), el paraquat y herbicidas.

Resulta difícil detectar algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson, incluso para los especialistas. Además, los síntomas son diferentes según el paciente.
Y resaltar que esta enfermedad tiene síntomas motores y no motores.
Los síntomas motores son los signos del trastorno que se observan desde el exterior.

En los últimos años se ha avanzado mucho en el conocimiento de la enfermedad de Párkinson, pero por ahora no tiene cura.

Casi todos los síntomas de la enfermedad de Parkinson son causados por la falta de dopamina en el cerebro. La mayoría de los fármacos para el Párkinson procuran restaurar o simular la dopamina temporalmente, por lo cual a menudo reciben el nombre de fármacos dopaminérgicos. Estos medicamentos generalmente reducen la rigidez muscular, mejoran la velocidad y coordinación de los movimientos y reducen el temblor.

El tratamiento que mejore resultado está dando para aliviar los síntomas de la enfermedad es la Levodopa. Este fármaco sustituye a la dopamina y se administra casi siempre junto a otros fármacos para disminuir los efectos secundarios.

Llegado un momento en el que la enfermedad está muy avanzada, podría considerarse como terapias la cirugía (estimulación cerebral profunda) o el uso de unas bombas de medicación.

La cirugía consiste en introducir unos electrodos dentro del cerebro, conectados a un neuroestimulador que está colocado debajo de la piel a través de un cable de extensión y que estimulan un área muy delimitada del mismo (núcleo subtalámico).

La levodopa y la apomorfina son medicamentos que se pueden administrar en infusión continua mediante bomba a través de una gastrostomía o de forma subcutánea respectivamente. Esto permite alcanzar unos niveles de medicación en sangre más estables y así una mejor respuesta motora. De esta forma, el paciente se encontrará bien más tiempo a lo largo del día.

Hohen y Yhar establecieron los 5 niveles (“estadíos”) clásicos de progresión de la enfermedad de Parkinson. Hay que hacer hincapié de nuevo en que ni mucho menos todos los pacientes que la sufren van a evolucionar hasta los últimos niveles:

  • Estadío 1: Síntomas leves, afectan solo a una mitad del cuerpo.
  • Estadío 2: Síntomas ya bilaterales, sin trastorno del equilibrio.
  • Estadío 3: Inestabilidad postural, síntomas notables, pero el paciente es físicamente independiente.
  • Estadío 4: Incapacidad grave, aunque el paciente aún puede llegar a andar o estar de pie sin ayuda.
  • Estadío 5: Necesita ayuda para todo. Pasa el tiempo sentado o en la cama.

Solamente el 15 por ciento de los afectados de párkinson llega a padecer un grado de deterioro motor tan grave que necesite ayuda constante para hacer cualquier actividad, dependa de otras personas y se pase la mayor parte del tiempo en una silla o en la cama, sin poder moverse en absoluto por sí mismo. Si la cifra le parece muy alta y le atemoriza, dele la vuelta: el 85 por ciento de los pacientes de párkinson no terminarán en silla de ruedas.

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